Escribo este texto para vosotros/as, mis pacientes, mis familiares y mis amigos. Para todas esas personas importantes que estáis pasando un momento complejo.

No voy a hablar de COVID-19, aunque sea la razón de este texto, porque seguro que la mayoría tenéis mucha información, muy detallada, muy completa y muy actualizada… y ahí empieza la primera invasión traumática en nuestro mundo psíquico.

Mis pacientes, que me conocéis como psicóloga, sabéis que siempre hablo de la flexibilidad y adaptación al cambio como síntoma de salud mental. Esa es la primera palabra que quiero instalar. Es esencial en estos momentos ser capaces de adaptarnos a los infinitos cambios que invaden cada segundo de nuestra vida. Estamos en una situación extraordinaria que requiere de recursos emocionales extraordinarios.

¿Por qué el coronavirus es una experiencia traumática?

Hablamos de trauma como aquel suceso que interrumpe nuestra cotidianidad de un modo abrupto (rompiendo rutinas, hábitos, etc) y convirtiéndose en una experiencia inesperada para el cerebro.

El trauma,  es una vivencia insoportable que produce una ruptura en la continuidad de la vida psíquica.

Estas semanas, ante la percepción de peligro, nuestro cerebro ha ido reaccionando (adaptándose)  y está sufriendo en un grado u otro ese nivel de estrés tan alto para el que no estaba  preparado. En función de la capacidad individual, de las experiencias previas que tengamos antes del trauma, y de los mecanismos y recursos que utilicemos en estos momentos, podremos digerir la situación de mejor o peor manera.

Desde la primera noticia que hemos recibido entorno a este tema, estamos reaccionando desde  la parte del cerebro más primitiva, la que sobrevive, nuestro cerebro reptiliano  para poder poner en marcha las funciones de atacar, correr o congelarse.

estrés

¿Cómo está respondiendo mi  cerebro?

Esta adaptación que se ha ido produciendo nos habla de nuestras estrategias de afrontamiento a la hora de regularnos emocionalmente y   que van a tener mucho que ver con cómo funcionábamos antes del coronavirus.

  • Infrarregulación y evitación: prefiero no pensar sobre el tema e incluso quitarle importancia.
  • Preocupación y rumiación: entrar en bucle de pensamiento buscando soluciones que no dependen de nosotros y por tanto quedándonos en una frustración constante.
  • Conductas adictivas para evadirnos, como puede ser comer constantemente, jugar a la play todo el día ó estar enganchado al teléfono 24 horas.
    Sabemos que cuando los niveles de estrés son muy elevados las conductas adictivas se aumentan para calmar los ejes de estrés  convirtiéndose en conductas paliativas de afrontamiento, pero es una solución que se convierte en problema, por ello es muy importante encontrar otras soluciones más saludables.
  • Desconexión: no me entero de lo que pasa.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando el nivel de estrés químico es tan elevado?

El organismo se encuentra haciendo una respuesta de estrés ante una demanda  muy elevada, con el fin de buscar  mejor adaptación para el momento , contrarrestando la influencia nociva  (adrenalina y cortisol) y ayudando a la defensa del organismo.

Cuando la situación de estrés perdura en el tiempo ocurren tres fases importantes que se muestran en la siguiente imagen.

*(Etapas de estrés según Selye).

  • Fase de alarma: se movilizan las defensas todas que tenemos y los recursos de afrontamiento para poder asumir la situación.
  • Fase de resistencia: todos los mecanismo de adaptación se mantienen activos consumiendo energía de otras funciones más placenteras y saludables (alimentación, apego y reproducción).
  • Fase de agotamiento: el sistema se reactiva y se desorganiza.

El objetivo de esta explicación es transmitiros la importancia de cuidarnos mucho psicológicamente para no llegar a ese agotamiento. Por ello todos los recursos de regulación y gestión emocional en esta fase son necesarios e importantes y debemos ponerlos en marcha desde el primer momento.

¿Afectan los acontecimientos a todo el mundo por igual?

El impacto emocional de una experiencia traumática va a ser individual aunque  en este escenario global, probablemente veamos aspectos muy comunes que todos vivenciaremos en mayor o menos medida. El nivel de dificultad a la hora de afrontarlo  va a depender de un conjunto de pautas habituales de respuesta cognitiva, emocional, vegetativa y conductual ante situaciones percibidas como potencialmente nocivas, peligrosas o desagradables.

¿Cómo podemos cuidarnos psicológicamente en esta fase de resistencia al estrés traumático?

  • Reducir los pensamientos catastróficos de futuro pensando en otras posibilidades y viendo los datos positivos en otros lugares del mundo. Además es muy importante, como cuando hacemos en consulta EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares) volver al presente todo el tiempo.
  • Parar los atracones de información constantes y el pensamientos cíclico sobre el tema coronavirus, marcando horarios limitados para leer sobre ello y reduciendo al mínimo el tiempo expuestos.
  • Ocuparnos mentalmente de un solo problema a la vez para no quedarnos en una emoción de desesperación generalizada.
  • Cuando pienso que me voy a morir, es importante recordarnos que lo normal será vivir una gripe un poco más fuerte.
  • Aunque creo que no puedo hacer nada, todos a nivel individual estamos haciendo cosas que son muy importantes y ahí va nuestra parte de control sobre la situación, que aunque parezca pequeña es esencial.
  • Tener rutinas, mantener hábitos, crear una estructuración diaria nos ayuda a tener orden y control mental y sobretodo nos da sensación de calma al no romper con absolutamente todo.
  • Validar la emoción de miedo en ese momento y normalizar a veces nos ayuda a quitarle peso, pero lo importante es saber que todos/as podemos hacer cosas para calmar esa sensación y volver a esa normalidad tan deseada.
  • No entrar en el autoabandono, levantarnos tarde, no tener horarios, no vestirnos, no ducharnos, no comer sano, quedarnos en la televisión todo el día…. Es importante romper o evitar ese tipo de conductas. Todo lo que hacemos (comemos, sentimos, dormimos, etc.) repercute negativamente en cómo vamos a llevar la infección llegado el momento, por ello es importante cuidar nuestra mente, nuestro organismo y nuestra sistema inmunitario.

Recomendaciones: 

Seguro que son miles las recomendaciones que todos/as tenéis encima de la mesa, por ello solo quiero recomendaros las más sencillas.

A veces para sobrellevar situaciones extremas lo único que necesitamos es la dosis de lo necesario.
Ana Carcedo Bao.

Algunos de mis pacientes sabéis de que hablo  y para los demás , os comparto el vídeo que lo explica.

Lo necesario ahora es mucha calma, mucho autocuidado, mucha conexión con el presente y con nuestros seres queridos y mucha mucha autorregulación emocional. 

Todo apoyo psicológico será poco para los próximos días,  por ello no dejéis de apoyaros en esos «trozos de chocolate que muestra el vídeo».

Os dejo también un libro de una admirada Psiquiatra y Psicoterapeuta gallega, Anabel González que considero muy apropiado para el momento, «Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar nuestras emociones para estar mejor». Podéis adquirirlo a través del enlace en la imagen:

Pocos refranes han sido más perjudiciales que ese que dice que al mal tiempo hay que ponerle buena cara. Al mal tiempo hay que ponerle lágrimas o tristeza. Y al bueno, sonrisas y alegría. Saber gestionar nuestras emociones no es esconderlas ni suprimirlas, es reconocerlas y manejarlas con sentido.

Como sabéis, quedo a vuestra disposición incondicional y espero poder aportar mi grano de arena en este desierto.
No dudéis contactar conmigo ante cualquier necesidad.
Un abrazo a todos/as.